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jueves, 10 de abril de 2014

Capitulo 3


                                           —3—


Ese martes, salió para el hospital convencida de que estaba llegando el momento de contar a las chicas la parte de la historia que no conocían, pero le daba vergüenza. Había sido muy duro disimular y solo su mentor, su ahora jefe de pediatría, el doctor Alfonso Perea, era quien sabía una parte de la historia.

Llegó al hospital y se dirigió al despacho de Perea, quería comentar con él la situación de Hugo y lo acontecido en su última guardia. Antes se pasaría por la U.C.I. para que la jefa de enfermeras, Teresa, le diera los informes del día anterior. Teresa era una mujer muy seria y borde, aunque con ella siempre trataba de ser todo lo cariñosa que podía, ciertamente lo conseguía a duras penas.

Al entrar a U.C.I., vio en una cama a Hugo. El niño aún tenía respiración asistida, pero Ana  le comentó que estaba estable y que posiblemente en la noche, intentarían quitársela.

Teresa no se encontraba allí y Mandy fue a buscarla a la U.C.I. de adultos, entró en el despacho y desde allí se podía observar toda la sala. Se le encogió el corazón cuando en una cama vio a una mujer hermosa, parecía estar en coma. Junto a ella estaba el padre de Hugo, con la mano de la mujer entre las suyas y su frente apoyada en ella. Pobre hombre, la vida estaba siendo muy cruel con él, su mujer y su hijo en la U.C.I.

Cada día estaba más convencida de que  la vida era una broma muy pesada.

Teresa entró, le dio los informes y Mandy se fue al despacho del doctor Perea.

Cuando llegó, de inmediato llamó a la puerta.

—¿Se puede doctor Perea?

—Pasa, ¿cuántas veces te tengo que decir que en privado me puedes llamar Alfonso?

—Lo sé Alfonso, pero no me acostumbro.

Siéntate, te estaba esperando. Antes de nada… ¿Cómo estás?

Bien, dentro de lo que la situación me permite.

—¿Algo que deba de saber?

—Bueno… Nando se presentó el domingo en mi casa y me pidió perdón. Le dije que todo había acabado, se puso violento como en otras ocasiones y me amenazó. Gracias a Dios, un amigo llegó en ese momento y la cosa no paso a más.

Mandy bajó la cabeza, sabía que a Alfonso no le hacía gracia la situación y hacía años que la estaba instando a que lo denunciara.

—Pero…. ¿Estás bien?

Sí. No pasó nada, ayer me lleno el buzón de mensajes de voz y bueno, no sé qué dirá pues los he borrado sin oírlos.

El doctor Perea se levantó, fue directo a sentarse en la silla de al lado de Mandy.

—Mandy, tengo que contarte algo.

El doctor le explicó que se había enterado que la comisión del hospital había recibido una denuncia por abusos sexuales de una paciente, estaban investigando a Nando y, en breve, lo suspenderían de empleo y sueldo.

La situación, si eso llegaba a pasar, se pondría muy fea, sobre todo para Mandy, conociendo los brotes de violencia de los que era capaz él.

Mandy cerró los ojos, ¿cómo podía haber llegado Nando a semejante situación? Él era un médico de éxito, todo el mundo lo calificaba de eminencia, si seguía así, en breve lo ascenderían. Lo buscaban de los hospitales más prestigiosos. Estaba apenada por él, sentía el sabor de una pequeña derrota por no haber sido capaz de apartarlo de todo aquello.

El hombre del que ella se había prendado, desde luego no tenía nada que ver con lo que las drogas y las malas compañías habían hecho de él. Estaba convencida que ya nada podía hacer por él, que con el tiempo todo empeoraría y que ella ya poco podría hacer para evitarlo.

Salió del despacho pensativa, le había prometido a Perea que lo mantendría informado en todo momento, debía abrir bien los ojos y tener cuidado por lo que pudiera pasar.

Daniel salió de la U.C.I. cabizbajo, descorazonado, nada estaba resultando fácil; Maribel no salía del coma, los médicos le decían que era una mujer joven y sana pero que todo podía pasar, lo mismo podía seguir en un coma irreversible que despertar de la noche a la mañana. Nadie le aseguraba las secuelas que le podrían quedar hasta que no despertara. Y ahora encima Hugo, su niño, estaba también ingresado. Ayer, la médica de guardia le había dicho que el niño se encontraba estable, la rapidez en que se había actuado haría que Hugo saliera sin consecuencias de ello.

Cuando le dieron el parte médico, se quedo más relajado aunque un poco desilusionado, lo cierto es que esperaba que fuera la misma doctora la que le informara, pero no había sido así. Por eso se dirigió a urgencias para buscarla, no sabía por qué, era extraño que en medio de aquella caótica situación no hubiera podido dejar de pensar en ella. Ni un segundo en esas 24 horas había apartado esos ojos de su mente.

Su decepción fue palpable cuando el enfermero le comentó que ella libraba ese día pero que quizá mañana fuera la encargada de darle el siguiente parte.

Caminaba pensando en todo aquello cuando, de pronto, al pasar por al lado de la cafetería levanto la cabeza y allí la vio.

Le pareció incluso que tenía una aureola a su alrededor, se paró en seco para observarla desde la distancia sin ser visto. La miró largo y tendido; allí estaba ella con su coleta alta, su bata blanca y su fonendoscopio colgando. Al lado del nombre de la bata llevaba prendido un muñeco que era una cara de payaso. Por debajo de la bata que llevaba abierta, se le veían esas piernas perfectas, llevaba una minifalda roja, conjuntada con unas botas negras sin tacón y de caña alta. Era perfecta, aún en la distancia y con solo mirarla notaba como su pulso se aceleraba y tenía la necesidad de acercarse a ella, de tocarla. Algo le paraba y le cortaba a la hora de acercarse. Era raro en él, nunca había tenido problemas con el sexo opuesto.

Mandy estaba apoyada en la barra tomando su café cortado, estaba pensativa después de la conversación con Perea, notó unos ojos clavados en ella, se giró para ver que era esa atracción que la obligaba a darse la vuelta. Entonces lo vio a él. Allí estaba el padre de Hugo, tan impresionante con esos vaqueros ceñidos y ese suéter negro con cuello en uve, se ceñía a su cuerpo dejando adivinar su musculatura. Sentir esa mirada hizo que se ruborizara e inmediatamente volvió la cabeza. Lástima que esté casado la verdad, porque era un hombre guapo,  la ponía nerviosa y despertaba en ella un instinto que nunca había conocido. Pero no, su regla número uno era: nada de hombres casados y menos con esposas en estado de coma.

Aun así se giro para verlo por última vez pero la decepción se hizo evidente cuando vio como él se había dado la vuelta y seguía camino hacia a la salida del hospital.

Sacó el móvil y envió un mensaje a las sex. Había llegado el momento de ponerlas al día de la situación. Ya no podía seguir con esto ella sola.


Esa noche se reunieron en casa de Ro, Alberto estaba de viaje y no tenía con quien dejar a la niña.

Cenaron juntas, luego Ro se llevó a Aitana a la cama y tras dos cuentos  y cuatro o cinco canciones después, la niña se durmió y  pudo sentarse con ellas.

Mandy comenzó a hablar:

Chicas, lo primero deciros que me cuesta mucho lo que os voy a contar, sé que os enfadara el hecho de que lo haga ahora y no hace ya unos años. Pero aunque no sea excusa, me daba vergüenza y al mismo tiempo pensé que podría cambiarlo.

—¿Qué pasa Mandy? ¿Qué te daba vergüenza y qué podrías cambiar? —preguntó Ro.

Dejémosla hablar —intervino Pat, que más o menos sabía por dónde iban los tiros.

—No sé por dónde empezar — dijo Mandy al tiempo que se mordía el labio algo nerviosa, le costaba narrar aquello.

—¿Qué tal por el principio?—la animó julia.

Empezó a contarles lo que Pat ya sabía, Álvaro se lo había contado. Luego les dijo lo que Perea le había explicado esta mañana. Después, comenzó a contar cómo había empezado todo.

La verdad que la situación comenzó muy poco a poco, Nando tenía mucha presión en el trabajo, llevaban dos años juntos y su relación parecía no ser ya tan idílica como al principio. Ella se decía que eso era normal, todas las parejas superan pequeñas crisis. Nando empezó a meterse rayas de coca esporádicamente para poder soportar los largos turnos de guardia. Aunque Mandy no se enteró de eso hasta después.

Ella lo notaba raro, su carácter estaba cambiando. Por la mañana, cuando despertaba, era el Nando que siempre había conocido: atento, cariñoso y zalamero, pero conforme avanzaba el día se convertía en alguien irritable, descontrolado y malhumorado.

Una noche, cuando Mandy recogía la ropa sacó del bolsillo del pantalón de Nando dos preservativos y una papelina de coca.

Lo primero que le sorprendió fueron los preservativos. ¿Por qué Nando llevaba dos preservativos si ella tomaba la píldora? ¿Y la papelina de coca?

Salió al comedor con ello en la mano.

—¿Me puedes explicar por qué estaba esto en tu bolsillo?

Él se quedó perplejo e intentó reaccionar lo más natural posible.

—Cariño, no pensarás que eso es mío, ¿no? Cielito, ¿para qué voy a necesitar yo dos gomas si tu usas la píldora? Y la coca, sabes que yo no necesito semejantes estímulos. Tú eres mi estímulo.

—No me has contestado Nando. Y por favor, no te burles de mi inteligencia.

Cuando Nando vio  que no había sido capaz de convencer a Mandy con sus palabras, cambió de táctica.

—Vale. Los condones son para follar con alguna enfermera cachonda que me deje hacer lo que tú no me permites, y la coca para poder sobrellevar la agonía de vivir con doña perfecta.

—¡Así que ahora soy jodida doña perfecta! —le reprochó desafiante.

Mandy sintió como si le dieran un puñetazo en el estómago, sabía que esta vez si había dicho la verdad. Se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo; como ella no quería formar parte de sus juegos sexuales, él se buscaba su propia satisfacción.

—¡Eres un cabrón, hijo de puta! ¡Vete a la mierda!

Y se dio la vuelta lanzándole los condones y la papelina a la cara.

No había llegado al pasillo cuando notó cómo Nando se lanzaba sobre de ella y la empotró contra la pared.

—¿Te crees muy lista verdad? —le dijo a escasos centímetros de su cara.

—No me creo nada, Nando suéltame por favor.

—Así me gusta nena, que supliques, pero no te voy a soltar —dijo mientras la sujetaba con una mano por debajo de la barbilla y con la otra se desabrochaba los vaqueros—, me he cansado de tratarte con delicadeza, hoy voy a tratarte como la jodida calienta pollas que eres.

—¿Qué haces Nando? ¡No, por favor! ¡Me haces daño!

—¿Qué hago? —le dijo a escasos centímetros de su cara— Voy a follarte contra esta pared y enseñarte lo que es satisfacer a un hombre. Hoy me vas a dar lo que yo quiero, nena.

Mandy lloró todo el rato mientras él la embestía contra la pared, sentía asco y náuseas mientras él la besaba con furia y le mordía el labio inferior. Llegó a notar el sabor óxido de su sangre, no soportaba el tacto de sus manos recorriendo y arrancando su ropa. Cuando el acabó y la vio llorar se arrodilló delante de ella y comenzó a llorar como un niño.

—Mandy amor… ¡Perdón! No sé que me está pasando… ayúdame por favor, ayúdame—le suplicó entre sollozos.

Pegaba puñetazos en la pared mientras ella se estremecía y él suplicaba su perdón.

Ella lo miró y sin decir nada se fue a la ducha. Lloró durante una hora, mientras el agua corría por su cuerpo. Sabía que Nando había abusado de ella, pero… ¿cómo contarlo? Era su pareja, nadie la creería. Y luego… él estaba arrepentido, ella lo quería y sabía que estaba pasando por un mal momento.

Tras relatar uno de los peores momentos de su vida, Mandy respiró al tiempo que se limpiaba las lágrimas.

Sus amigas estaban alucinadas, no podían dar crédito a lo que estaban oyendo.

Entonces Ro, que la tenia cogida de la mano, habló.

Pero cielo, ¿cómo has pasado esto tu sola? Sabes que nosotras te creeríamos.

—Lo sé, pero no podía. Miles de veces os lo intenté contar pero era incapaz, me hacía daño incluso recordarlo. Era menos doloroso hacer como que no había ocurrido.

Siguió contándoles que después de ese incidente, ella se fue a Ibiza con la excusa de ver a sus padres. Necesitaba pensar, tomar distancia. Fue aquella vez que él se presento en Ibiza a sorprenderla, fue hasta la casa de sus padres, llenó la casa de rosas y gritando a los cuatro vientos que no podía aguantar la distancia, que su corazón se paraba si ella no estaba cerca.

Aquello, que a su madre y a sus amigas les pareció tan romántico, no había sido más que un episodio terrorífico en su vida. Pero su arrepentimiento la conmovió y decidió darle una oportunidad.

La relación siguió pero Nando continuaba tomando coca, después de ese día volvieron a acontecer otros momentos violentos en los que él gritaba, rompía cosas o la maltrataba psicológicamente; le gritaba que era una frígida, que no sabía que había podido ver en ella pues era la clase de mujer en la que nadie se fijaba.

Perea se enteró cuando uno de los ataques verbales fue delante de él, en una de las salas del hospital. De ahí que fuera el único que estaba al tanto de todo.

Como en estos casos suele pasar, él siempre se arrepentía, ella le perdonaba y le juraba que lo ayudaría… así fueron pasando esos años. Una vez incluso, le propuso ir a un club de intercambio, ella se negó y él le hizo un gran desprecio.

Ella suponía que él no era fiel, pero no fue hasta ese mismo día en que lo pilló cuando su mente hizo clic y le gritó basta.

En ese momento llego un mensaje al móvil de Mandy.

“Amor te extraño mucho. Estoy debajo de tu casa, ábreme. Nando”

Por fortuna, Mandy no estaba en casa. Las chicas se pasaron toda la noche hablando, llegaron a la conclusión de que ella no podía estar sola en casa.

En casa de Ro era difícil, aunque Aitana estaría encantada. En casa de Julia no era muy conveniente, pues no quería llevar un cómputo de todos sus polvos semanales. Lo mejor sería que ya que Álvaro vivía en la finca de Mandy, Pat se quedara con ella y así estaría cerca de los dos.

Mandy despertó esa mañana tranquila, tanto como hacía años no lo estaba. Haber compartido con las chicas la historia le había quitado un peso de encima, sabía que no estaba sola y que todo iría bien.

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Una semana después, Hugo y Daniel estaban en la habitación de planta, el niño estaba ya en perfectas condiciones, se había recuperado del todo y a la espera de que Mandy pasara para darle en alta.

El niño estaba encantado con ella, durante esa semana habían hecho muy buenas migas. Siempre le trataba con mucha dulzura y le hacía reír con sus bromas. Además, aunque Hugo era solo un niño no le había pasado por alto que a su tío se le iluminaba la cara cada vez que la doctora entraba por la puerta. También había percibido las miraditas que se lanzaban, parecían los tontitos protagonistas de esas novelas horribles que veía Antonia por la tele.

Daniel estaba nervioso, esperaba cada día la visita de la doctora, no sabía cómo hacer para acercarse a esa mujer. La  verdad es que sentía algo diferente por ella, algo que no había sentido nunca por ninguna mujer. Estaba seguro que ella y su sobrino se habían dado cuenta.

Mandy entró en la habitación donde estaban padre e hijo, los extrañaría mucho, Hugo era un niño encantador y su padre, aunque estaba fuera de su alcance, ni que decir tenía que al menos daba gusto contemplar semejante conjunto de músculos perfectos y esos ojos azules, le recordaban al color de su mar mediterráneo; ese mar de un  azul intenso, ese mar peligroso y a la vez tentador. Céntrate Mandy -se dijo, tienes que hacer tu trabajo.

Buenos días Hugo, ¿cómo se encuentra hoy mi súper héroe favorito?

—¡Muy bien! Mi papá me dijo que hoy, si tú me dejabas, me llevaría al Bioparc a ver a los leones.

Mandy miró a Daniel, sus miradas se cruzaron y los dos sintieron como si aún en la pequeña distancia que los separaba, sus cuerpos fueran recorridos por la misma corriente alterna.

Bueno cariño, yo creo que estás en condiciones de ver leones, cocodrilos, focas y lo que quieras, por mí no hay problema.

¿Y por qué no te vienes con nosotros? Anda… porfa, please.

 Daniel sonrió al oír a su sobrino. Había que joderse con el canijo, era digno hijo de su padre. Parecía que estaba intentando lanzarle un capote con la doctora.

Papi… ¿puede venir?

A mí no me importa que nos acompañe.

Nada más decir la frase, se dijo a sí mismo: menuda frase de mierda tío, así sí que vas tú a conquistar a la doctora… ya podías haber sido más brillante.

—No Hugo no puedo, ¡ojalá! Pero hay muchos niños malitos, necesitan que los ponga buenos para poder ir al Bioparc como tú.

—Ohhhhh —dijo Hugo decepcionado.

El niño estaba seguro que a su tío le haría muy feliz que ella les acompañara, últimamente no lo veía sonreír salvo cuando ella aparecía. Aunque fuera un niño, se había dado cuenta de ello.

Mandy le supo mal ver la cara de decepción del niño.

Pero otro día te prometo que mi princesa Aitana, que es la hija de mi amiga, y yo os acompañaremos a que nos enseñes ese león del que hablas.

Dicho esto, se dirigió a Daniel.

Bueno Daniel, ya te dejé firmada el alta de Hugo. Todo ha sido un gran susto, no hubo complicación alguna y ya está listo para hacer vida completamente normal. De todas formas, con el informe que te den pasa por su pediatra habitual y ella le hará el seguimiento.

Gracias. No sé cómo agradecerte lo que has hecho por Hugo.

—Es mi trabajo, no tienes que agradecer nada.

El silencio se hizo entre los dos, ninguno sabía cómo seguir esa conversación. Ella quería salir de allí, él no entraba dentro de sus planes más inmediatos y si seguía mirándola así empezaría a dudar de ello. Y él no sabía cómo hacer para poder quedar con ella después de recibir el alta. Se quedó paralizado, no pudo decir nada y sin darle tiempo a reaccionar, ella se despidió.

Bueno campeón, cuídate mucho. Daniel me marcho, debo seguir la ronda. Si necesitáis algo ya sabéis donde encontrarme.

Y diciendo eso salió de la habitación, pensando que la frase final se las traía. En fin, mejor así. Hombres casados fuera de las cestas, nada de frutas prohibidas.

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jueves, 3 de abril de 2014

CAPITULO 2


                                                                         
 
                                                                          
                                                                               -2-

Por fin había terminado su turno, menudo día para tener resaca. Estaba muerta, aún le temblaba el cuerpo cuando pensaba en ese pobre niño que a punto estuvo de morirse en sus manos, y no se quitaba de la cabeza al pobre padre de ese niño, se veía tan asustado y perdido, si hasta tuvo que reprimir las ganas de abrazarlo. Recordar cómo la miró, la hizo estremecer. Era difícil olvidar la intensidad de esa mirada tan azul. Pero ese hombre era terreno prohibido, hombre con mujer e hijo nada de nada, se dijo al tiempo que movía la cabeza intentando deshacerse de tal sensación.

Y después estaba el encuentro con Nando en el ascensor, ¿cómo era posible que después de lo que había pasado aún se planteara siquiera reconquistarla? Después de tanto tiempo con ella… que poco la conocía.

Durante este último mes y desde aquel fatídico día de Enero, no había pasado ni un día que no hubiera recibido whatsapps o correos de él, que por supuesto, ella borraba sin leer. Había intentado hablar con ella en el hospital, pero no lo había conseguido.

¿Pero qué se pensaba que  le iba a perdonar una vez más? ¡Pues no! La verdad que Nando había cambiado mucho en estos 5 años… nada que ver con aquel hombre apuesto y encantador del que se había encandilado.

 Si su familia y sus amigas supieran lo que había estaba pasando estos últimos años, no le perdonarían que hubiera seguido con él. ¿Y por qué lo había hecho? Ni si quiera ella lo sabía, pero algo le hacía perdonarlo y seguir a su lado, era como una adicción. Aunque no lo sabía, nunca antes había tenido pareja y no sabía mucho de esos temas.

¡Ufff! -pensó llegando a su casa, su familia aún no sabía nada. Después de un mes debería informar a sus padres de que Nando ya era historia.

Sus padres se jubilaron al poco de empezar ella la residencia y habían vendido su piso en Valencia,  se habían ido a vivir a Ibiza. Su padre, un militar retirado al que le gustaba mucho navegar. A su madre le encantaba el sol y la playa, eran lo único que le importaba en la vida junto a sus novelas románticas. De ahí que Mandy se llamara Amanda, sus padres se habían enamorado con la canción de  Te recuerdo Amanda.

Cogió el teléfono y llamó a su madre.


-Hola mamá.

-Hola Amanda ¿Qué tal todo, pequeña?

-Bien mamá. Mucho frío.

-Pues no te lo creerás, pero aquí estoy en la terraza tomando el sol.

-Mamá cuidado con el sol, al menos usaras protección ¿no?

-Nena por Dios, no hagas de médico conmigo… para eso ya están tus pacientes. Y yo tengo bastante más edad que ellos.

--Vale… pero ten cuidado, por cierto tengo que darte una novedad. - Mandy tomo aire, no sabía cómo decírselo pero tenía que hacerlo así que, soltó el aire que había retenido en sus pulmones y lo dijo - Nando y yo ya no estamos juntos.

-Pero cariño ¿Qué estás diciendo? Seguro que será una riña de enamorados.


Esa era su madre, una mujer que se pensaba que todo en la vida eran finales felices. Poco a poco le fue contando a su madre la historia eso sí, sin lujo de detalles.

Nando la había conquistado desde el primer momento; con su porte, su presencia, su saber tratarla… en resumen, era el típico hombre que toda madre quería para su hija.

Es por ello que le costaba dar crédito a lo que estaba escuchado y  no se podía creer que aquel hombretón pudiera hacerle algo así a su hija.


-Pero  pequeña ¿Tú estás bien?

- Sí mamá, tranquila lo superare, además las chicas cuidan de mí.


Eso era cierto, su madre sabía que ellas eran su familia desde que Mandy se quedo sola en valencia y ellos se mudaron a las islas.

La verdad que tanto a ella como a su padre les había costado tomar la decisión de irse, pero les había tranquilizado saber que su hija no se quedaba sola en Valencia pues las niñas estaban muy unidas.


-Mandy cariño cuídate, y prométeme que cuando ese trabajo tuyo te deje vendrás a hacernos una visita.

-Sí mama lo haré, tranquila. Dale un beso a papá, os quiero.

-Y nosotros a ti pequeña. Te extrañamos a diario.

Colgó el teléfono suspirando, sabía que esto afectaría a su madre y cabrearía a su padre… pero no había solución.

El sonido del timbre la saco de sus cavilaciones, fue a abrir pensando que sería una de las chicas, por eso no miró ni si quiera quien era y cuando abrió la puerta allí estaba él, tan perfecto como esta mañana en el ascensor, por este hombre no pasaban las horas, ni el cansancio hacia mella en él.




Quiso cerrar la puerta pero él metiendo el pie se lo impidió.


-Mandy cariño, no puedes evitarme eternamente. Tenemos que hablar y lo sabes. – Dijo mientras la miraba intensamente- Por favor déjame entrar. Solo será un momento, luego me iré y si no quieres saber más de mi no te volveré a molestar.


Nando tenía que conseguir que ella le diera la oportunidad de hablarle, estaba convencido que si la tenía cerca y le hablaba con dulzura conseguiría que las barreras que ella había levantado cayeran.

Necesitaba que volviera a su lado y si para ello tenía que mentir… mentiría. Pero nada iba a impedir que ella no estuviera junto a él.  Lo  había pensado bien y estaba dispuesto absolutamente a todo.

Mandy dudó pero sabía que tenía que afrontar esta situación, tarde o temprano esto tendría que pasar. Así que abrió la puerta y lo dejó entrar.

Nando hizo la intención de darle dos besos pero ella se apartó. Tenía claro que esta vez sería contacto cero, no dejaría que él usara sus artimañas, esta vez era definitivo no quería volver con él bajo ningún concepto.

Entraron al salón, él la siguió de cerca  y Mandy le indicó que tomara asiento en el sillón, ella se sentó enfrente en el sofá. No quería estar cerca de él. Esperaba no tener que arrepentirse de haberlo dejado pasar. Le seguía teniendo miedo.

Él la miró, respiró hondo y comenzó a hablar.

-Mandy amor, lo que viste no tiene explicación, no sé qué me pasó en ese momento, no intento justificar lo injustificable, soy un necio y me merezco tu desprecio... Pero sabes que te quiero, que eres todo lo que necesito para ser feliz, que sin ti nada tiene sentido. Eres la única mujer en el mundo con quien quiero estar.

>Ella se me insinuó, yo había salido de una operación a vida o muerte; estaba cansado, alterado, frustrado… el paciente se nos había quedado en la mesa de operaciones y ella se acercó y me consoló.

-Sí. Doy fe que te consoló, y de que tú la consolaste a ella - Dijo Mandy entre dientes.

-Pero no significó nada, ella no es nada para mí, ni siquiera la he vuelto a ver.

>Nena soy un fantasma sin vida desde ese instante, la casa no es lo mismo sin ti, te necesito por las noches, dormir contigo y pegarme a ti. Por favor Mandy dame una oportunidad, te demostrare a ti y al mundo que eres la mujer de mi vida.


Mandy estaba callada, no podía creer que este hombre pudiera tener  la cara tan dura para estarle contando y diciendo todo eso. ¿Pero hasta donde llegaba  la insolencia de este hombre?

Nando viendo que ella no se movía ni respondía se levantó y se acerco hacia ella, se estaba poniendo nervioso y ella lo sabía. Se arrodilló delante y poniendo su dedo en la barbilla de ella  le levanto la cara. No podía leer lo que había en esos ojos, si indiferencia, si rabia, si tormento o  una mezcla de todo, pero quería su perdón, lo necesitaba.


-Mandy, por dios amor dime algo… abofetéame, pégame, grítame pero reacciona. Cualquier cosa menos tu indiferencia.


Ella lo miró un largo rato, en el que vio pasar su historia por delante como un cliché de película, vio todo lo que había sufrido y vio el momento en que lo pilló hacia un mes,  y pasados unos instantes le dijo:


 - No Nando. No te voy a pegar, ni gritar, no te voy a dar otra oportunidad, tú y yo sabemos todo lo que ha pasado estos últimos años, sabías que esto acabaría tarde o temprano. Ya me cansé de ser tu tabla de salvación, que esté enamorada de ti no te da derecho a hacerme pasar por todo lo que me has hecho pasar.

>Tienes un problema con las drogas y con el sexo, tú lo sabes. Te dije que eso acabaría con tu carrera y con lo nuestro. Con lo nuestro ya acabó… lo siguiente será tu carrera. Estaba enamorada de ti, o eso creía. Ahora ya empiezo a dudarlo, pero estoy tan cansada y tan decepcionada que ya no puedo seguir.


Una lágrima resbaló por la mejilla de Mandy, hacía tiempo que tenía que haber sido valiente, se hubiera ahorrado todo el calvario vivido. Pero ahora había dado el paso y no había marcha atrás aunque no estaba segura cuando se podría olvidar de él.

Nando se levantó enfurecido. No podía dar crédito a lo que ella le acababa de decir, le estaba diciendo que no había marcha atrás, que no le iba a perdonar, que no le daba ninguna oportunidad más, que nunca más estaría con él.

Empezó a pasear como un león enjaulado,  de repente empezó a gritar:


-¡OSTIA MANDY! ¡NO ME JODAS, NO PUEDES HACERME ESTO! ¡ME DIJISTE QUE SIEMPRE ESTARÍAS A MI LADO! ¡QUE NUNCA ME DEJARIAS! ¡ERES UNA PUTA MENTIROSA! ¡YO CONFIE EN TI!


Enfurecido y fuera de sí  cogió un jarrón, sin pensarlo si quiera lo estampó contra la pared.

Mandy se acurruco en el sofá, estaba temblando, no era la primera vez que lo veía así, y sabía que esto acabaría muy mal.

Por suerte en ese mismo momento alguien llamó a la puerta.

Los dos se miraron, y ella se levanto a abrir. Él le pegó un empujón tirándola violentamente sobre el sofá. Se le tiró encima  y tapándole la boca con la mano se acerco a ella y le dijo al oído:


- Ni se te ocurra contestar.


El timbre siguió sonando. Quien fuera que estaba allí sabía que Mandy estaba en casa.

A Nando no le estaba gustando tanta insistencia, quien cojones estaba venga a llamar a la puerta. Quién fuese estaba interrumpiendo ese momento, la rabia le consumía y estaba dispuesto a todo por salirse con la suya.

El timbre siguió sonando insistentemente y al otro lado de la puerta alguien empezó a gritar.


-¡Mandy abre la puerta de una puta vez o la tiro abajo! ¡Sé que estás en casa, vi la luz encendida y tu coche en el garaje!


Por suerte Álvaro vivía en el mismo edificio que Mandy. Él era su vecino del quinto; un tío grandote, guapo, profesor de karate en un gimnasio de su propiedad y cinturón negro 10 Dan, toda su vida era el karate. Él y Patricia se habían conocido y poco a poco comenzado una relación que estaba preparada para una boda cercana. Álvaro  aparcaba el coche en la plaza de al lado de Mandy, aunque ella vivía en el segundo y él en el quinto subía siempre andando por las escaleras.

Cuando pasó por la puerta de Mandy oyó gritos y el ruido de algo estrellándose contra la pared. Sabía que su amiga estaba en problemas, Pat le había contado lo de su ruptura con ese gilipollas engreído, y que ese era precisamente el motivo de que Mandy volviera a ser su vecina.


Mandy joder! ¡Abre o tiro la puerta abajo y llamo a la policía!


Nando al oírlo le dijo a Mandy que abriera, conocía a ese tío lo suficiente como para saber que no se andaba con tonterías y que no amenazaba en vano. No podía jugársela con esa bestia humana, le dijo que  él se escondía en la cocina y que ella  le diera largas.

Ella abrió la puerta asustada, temblorosa y desencajada.








-Hola Álvaro. No había oído el timbre.

-Mandy ¿Todo va bien?

-Sí no te preocupes, luego te llamo-  dijo Mandy poco convincente y con el terror impreso en su cara, sus ojos miraban a los de Álvaro pidiendo auxilio.


Álvaro la miró, sabía que todo era mentira, esta niña no estaba nada bien y él tenía que averiguar qué era lo que había oído. Si Pat se enteraba que no lo hacía le cortaría los huevos.

-Vale, pero voy a pasar.

-No Álvaro. Déjalo.- Insistió ella cada vez más asustada.

Álvaro con delicadeza la empujó abriendo la puerta y se coló dentro, en ese mismo momento vio una sombra que se movía en la cocina.

Miro a Mandy y le pregunto:


 - ¿Ese cabrón está aquí?


Ella movió la cabeza afirmativamente.

Álvaro se plantó en la cocina en dos zancadas y  viendo a Nando se dirigió hacia él con la mirada repleta de furia. Sabía que debía controlarse, él podría matarlo de un puñetazo si quisiera, pero esa no era la filosofía del arte marcial que él practicaba.

Eso pensaba mientras controlaba la respiración y la ira que tenía que controlar.

Se detuvo a escasos metros de él y le bramó:


- Eres un cobarde cabrón, te quiero fuera de este apartamento antes de que parpadee dos veces. Y te juro que si te vuelvo ver cerca de ella o le tocas un pelo de la cabeza, habrás firmado tu sentencia de muerte.


Nando,  aunque acojonado, guardo las apariencias y fríamente sonrió y le dijo;


 -Musculitos, tranquilo. Ya me iba… pero esto no quedara así.

Álvaro lo miro penetrante y le rebatió sus palabras:


- Ni un pelo. ¿Me oyes? O te juro que no respondo…


Nando atravesó el salón, pasó por al lado de Mandy y sonriendo le dijo:  


-Nena, tendrás noticias mías. 


Y guiñándole un ojo se fue, como si allí no hubiera pasado nada.

Pero ¿qué le pasaba a este demente?

Álvaro se acercó a Mandy, la abrazo para tranquilizarla.


 -Shhhh. Tranquila, ya pasó. Tranquila estoy aquí.


Poco a poco la presencia de Álvaro la fue tranquilizando, cuando ya estaba más tranquila le contó todo lo sucedido y  él le hizo prometer que si necesitaba cualquier cosa acudiría en su busca. Ella se lo prometió y tras quedarse sola decidió tomarse un baño y poner fin a ese día tan penoso.

Nando salió de casa de Mandy con un cabreo de mil demonios. Había vuelto a perder el control, si no hubiera llegado ese maldito musculmain, no sabe lo que habría sido capaz de hacerle a Mandy.

Sabía que la había perdido, pero oírle a ella decir esas palabras le había enfurecido. Él la quería, pero ella se empeñaba en ser tan perfecta, en no entender que por un poco de coca no pasaba nada, en no querer practicar con el otro sexo algo más divertido y excitante.

Pero si quería recuperarla ese no era el camino. Joder, puto día de mierda, se dijo mientras se dirigía al bar de siempre. Necesitaba una raya para pensar con claridad, y quizás se desahogaría con alguna de sus amiguitas a las que les gustaba jugar tan duro como a él.


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Era lunes por la mañana, Mandy no debía ir al hospital pues libraba. Estaba desayunando tranquilamente cuando su móvil pitó. Era un whatsapp privado de Pat.


ü Hola guapa tenemos que hablar.


Vaya, Alvarito se había ido de la lengua.


ü Hola que pasa perla

ü Hoy trabajas

ü No, tengo fiesta

ü Pues entonces quedamos en la cafetería de siempre

ü ¿No podemos hablar por aquí Pat?

ü No, quiero hablar contigo en persona

ü Vale, en media hora allí.


Media hora después entraba por la puerta de la cafetería, Sergio la saludó como siempre.


- Hola cariño ¿Qué te pongo?

- Una coca cola zero, por favor.

-Marchando esa coca cola para mí doctora juguetes.


Ella sonrió, él siempre la llamaba así, tenía una sobrina pequeña que le encantaban esos dibujos animados y siempre los veían juntos. Un día cuando Sergio le contó que tenía una clienta en el bar que era pediatra, su sobrina le dijo que entonces sería como la doctora juguetes y a Sergio le hizo tanta gracia que desde ese día la llamaba así.

Cuando se estaba sentando llegó Pat. No traía cara de muy buenos amigos.




-Hola Pat ¿No trabajas hoy?

-Sí. Pero le dije a mi jefe que saldría una hora para ir al ginecólogo.

-No está bien mentir a tu jefe Pat.

-¡Que le den! Esto es mucho más importante.

-Entonces vamos a ver… ¿Qué es tan importante? - le preguntó Mandy.

-No me lo puedo creer… después de lo de ayer haces ver que aquí no pasa nada. Pero guapa… ¿A quién quieres engañar? Álvaro me lo ha contado.

-Bueno no sé qué te contó Álvaro, pero no es nada del otro mundo. Cometí el error de dejar pasar a Nando. Discutimos, se puso a gritar y llegó Álvaro. Ya está, fin de la historia.

_ ¡Y una mierda!- Le gritó furiosa- Él estaba fuera de sí, estampó un jarrón contra la pared, amenazó a Álvaro y te dejó asustada y jodida. ¿Eso no es nada del otro mundo? ¡Eso es muy serio!

>Llevo mucho tiempo observándote, callo porque no quiero meterme en algo que no quieres darme acceso, pero joder… somos amigas. Más que eso, eres como una hermana y sé que con Nando las cosas no son lo que parecen. Que pillarlo con la puta esa fue no poder ya negar por más tiempo lo evidente. Pero mi niña, tú no estás bien y si quieres que te diga lo que opino; Nando te está maltratando desde hace tiempo.

-Él nunca me puso la mano encima. - Protestó.

-Mandy, hay muchas formas de maltrato. Y tú lo sabes.

-Lo sé Pat, pero no quiero hablar de ello. No estoy preparada, quiero odiarlo y no puedo, quiero despreciarlo y me es difícil. Quiero olvidarlo y al mismo tiempo me gustaría perdonarlo, aunque sé que eso no debería ocurrir.

-Y no va a ocurrir, sé que dar el paso te costó, pero ahora para atrás ni a coger impulso… sácatelo de la cabeza. Ya te hizo mucho daño.


En ese momento sonó su móvil, era su enfermero José.


-Niña guapa ¿Cómo amaneciste?

- Hola hombretón. Estoy bien.

-¿Cómo me dices hombretón? ¡Si a mí me va más un chorizo que un cubata a una fiesta!

-Eso será.- Dijo Mandy entre risas, José siempre la hacía sentir bien- ¿Que pasa por allí?

-No te lo creerás, pero casi me da un paro cardiaco cuando hace un rato abrió la puerta ese pedazo de morenazo de ayer, por un momento pensé que venía a pedirme chiqui-chiqui. –Explicó, provocando la risa de Mandy de nuevo.

-Y le habrías dicho que sí.

-Por supuesto niña. Un griego de danone… José no lo perdona ni borracho.

-Pues nada, date el gusto.

-¡Mis ganas! Vino preguntando por ti mi niña.-Explicó y Mandy no creía lo que escuchaba-  Para darte las gracias en persona. Le dije que hasta mañana no vendrías, que le darías personalmente el parte del niño. Mi niña este puede ser tu clavo.

-Déjate de tontadas, para clavos estoy yo.Respondió, riendo a carcajadas.- Te dejo guapo que estoy con Pat y me mira con cara de pocos amigos.

-Dile a la resala esa que cuando quiera nos vamos a bailar merengue. Besos mi niña.




Mandy colgó el teléfono y volvió a prestarle atención a su amiga Pat, que estaba algo enfadada aún.


-Bueno, a lo que estábamos. –Dijo Pat.

 -Si lo sé- contesto Mandy - de acuerdo no voy a volver con él y lo voy a olvidar. Te prometo que en otro momento te contaré algo, pero hoy no soy capaz Pat.

     
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Gracias por leer este nuevo capitulo. Espero tus comentarios ellos me ayudan y me motivan a seguir en esta aventura.


NO OLVIDES QUE EL PROXIMO JUEVES  9 DE ABRIL TENDREMOS NUEVO CAPITULO.

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